Parece que entre la realeza europea está de moda casarse con alguien ajeno a la corona: el ejemplo más cercano lo tenemos en nuestro Príncipe Felipe, que escogió a Letizia Ortiz, periodista de TVE, para ser su esposa. En el caso de la casa real de Mónaco, el príncipe Alberto se dejó conquistar por Charlene Wittstock, una ex - nadadora sudafricana a la que conoció en 2006. Esta no es la primera vez que un príncipe monaqués se casa con una plebeya: el antecedente más directo lo encontramos en su padre, el príncipe Rainiero de Mónaco, que convirtió a la actriz Grace Kelly en Su Alteza Serenísima la Princesa Gracia de Mónaco.
Hagamos un breve repaso por la vida de Charlene Wittstock para conocer un poco más a la prometida de Alberto de Mónaco. Charlene Wittstock nació en Zimbabue en 1978, hija de un ejecutivo de ventas y una instructora de natación. Desde pequeña practicó este deporte, llegando a participar en los Juegos Olímpicos, donde en Sidney 2000 quedó en quinta posición en las carreras por relevos de 4x100 metros estilos. Además, Charlene ha sido dos veces campeona de Sudáfrica en 50 metros espalda y ha ganado varios títulos nacionales.
Durante los Juegos Olímpicos de invierno celebrados en Turín en 2006 apareció por primera vez junto a Alberto de Mónaco, al que había conocido ese mismo año. Desde entonces los rumores de noviazgo y boda se dispararon, hasta que el 23 de junio de 2010 el Principado de Mónaco emitió un comunicado anunciando su compromiso para el próximo mes de julio.
El noviazgo de Charlene y Alberto ha sido largo y muy comentado: muchas veces se ha especulado sobre la posible homosexualidad del heredero al trono de Mónaco, aunque generalmente sin mucho fundamento, basándose sólo en el hecho de que su edad avanzaba inexorablemente, y no se le conocían parejas ni intención de contraer matrimonio. Con la boda de Alberto y Charlene, la corona del principado gana estabilidad, y la posibilidad de contar en los próximos años con un joven príncipe heredero.
En lo relativo a la moda, el camino no ha debido de ser fácil para Charlene Wittstock, ya que va a integrarse en una de las familias con más glamour y estilo de la realeza del viejo continente. Tendrá que competir en elegancia y saber estar, no sólo con sus cuñadas Carolina y Estefanía, y con la joven Carlota Casiraghi, sino también con su difunta nuera, que fue sin duda la artífice de la conversión de Mónaco en la cumbre del glamour europeo.
A pesar de estas dificultades, Charlene ha demostrado que la elegancia le es innata: buena conocedora de su cuerpo, sabe que cuenta con una figura envidiable gracias a sus años de entrenamiento como nadadora. De su cuerpo fitness destacan sus bien formados hombros y su bonita espalda, que deja ver siempre que puede optando por vestidos con escote asimétrico o de palabra de honor. Para dar más énfasis a la parte superior de su cuerpo, Charlene suele lucir la melena recogida en sencillos moños, despejando así una cara de facciones muy armónicas (y que luce siempre con poco maquillaje) y unos hombros definidos. Por otra parte, Charlene también sabe sacar partido a su altura (mide 1’76 m) optando bien por modelos largos que alargan ópticamente su figura, o bien por mini-vestido por encima de la rodilla que dejan ver sus trabajadas piernas.
Su estilo elegante y refinado encaja perfectamente con la filosofía del que es uno de sus diseñadores de cabecera, Giorgio Armani, al que además le une una buena amistad. Muchas veces hemos podido ver a la futura princesa vestida con diseños del italiano, y por eso el veterano modisto encabeza las listas de apuestas que discuten quién será el diseñador de su traje de novia. Las líneas simples de los vestidos de Armani destilan elegancia y sobriedad, y Charlene opta por alegrar sus looks, generalmente en colores discretos, con espectaculares joyas.
De entre sus últimas apariciones en público destacamos su estilismo en la boda real británica, donde lució un sobrio conjunto de abrigo de líneas rectas y sombrero en tonos grises: simple pero muy elegante.



















